Tuesday, January 22, 2013

El por qué de ahora en adelante diré "diecidós" en vez de "doce"...

Justo la semana pasada después de un evento en el Palacio de Gobierno de la hermosa ciudad de Oaxaca, me convocaron para una reunión en el restaurante Las Quince Letras (cuéntenlas...) a las "dos" de la tarde. Inmediatamente después de oír la convocatoria, la cual se me había hecho verbalmente, me vi forzado a preguntar si la reunión era a las "dos" (14:00) o "doce" (12:00). La respuesta a mi pregunta fue: "Dos. Cero, dos, cero, cero...Dos". Eran las 11:30, por lo que ambos horarios eran perfectamente viables...

En ese instante recordé que no había sido la primera vez en la que me había sido imposible diferenciar entre los dos numerales (dos vs. doce) y a la vez caí en la sospecha de que no era al único que le pasaba. Seguro era un problema generalizado, por lo menos en Hispanoamérica. En el castellano que se emplea en América Latina los dos vocablos en conversación casual suenan casi idénticos: "dos" se pronuncia [dos] y "doce" ['dose]. La "E" al final de "doce" que debería dejar claro a cuál de los dos números se refiere simplemente no es lo suficientemente fuerte, contundente para hacer bien su trabajo. Quizá si "doce" fuera "doza", "dozo" o "dozu" tendríamos mejor suerte. ¡Ay de nos!

En el Viejo Continente, la mayoría de los hispanohablantes no tiene el mismo problema, ya que en la pronunciación ibérica generalizada del castellano se diferencian claramente los fonemas que producen la letra "S" y la letra "C" en su calidad 'suave' al preceder la "I" o la "E", como en el caso de "doce", de tal manera que "dos" se pronuncia igualmente [dos], mientras que "doce" se distingue claramente al pronunciarse ['doθe] (como diríamos, en este caso los españoles se pisan la lengua). Los fonemas [s] y [θ] son tan distintos que no cabe duda, después de pronunciar 12:00 ó 2:00, a cual de los dos horarios se refiere.

Personalmente, yo doy gracias a Dios todos los días por el hecho de que el español que aprendí y sigo aprendiendo no incluye el infame fonema lengüipisado [θ]. De hecho, si tuviera que escoger entre la confusión que se genera entre los dos horarios y cambiar mi pronunciación a la española de Castilla (¡tío!) invariablemente elegiría residir permanentemente en la confusión. Lo que sí me sorprende es que apesar de haber pasado más de quinientos años de haberse instalado nuestra hermosa lengua en tierras americanas, no hemos encontrado la voluntad, el deseo (o quizá la necesidad) de modificar nuestra pronunciación del número 12 para evitar la confusión. Y más impresionante aun es que este proceso no haya ocurrido de manera natural y orgánica, sin que nadie lo coordinara o forzara...como un simple proceso más de evolución lingüística.

Sin duda, en esos cinco siglos pudimos haber hecho muchas cosas para remediar la situación y aclarar definitivamente quién es el 2 y quién es el 12. Lo más obvio quizá habría sido cambiar nuestra pronunciación de la palabra "doce". Pero es muy posible que mis antepasados y los tuyos (si es que también eres latinoamericano) eran igual de renuentes que yo a cambiar deliberadamente cómo pronunciaban sus palabras. Más probable aun es que ellos, al igual que nosotros, no estuvieran siquiera conscientes de cómo es que pronunciaban sus propias palabras. Un hecho curioso de la lingüística humana es que nosotros rara vez nos damos cuenta de cómo es que nosotros mismos pronunciamos las palabras que expresamos. Casi todas nuestras vidas nos rodeamos de personas que hablan como nosotros -de hecho, por eso hablamos como hablamos- y esa homogeneidad lingüística, que nos depriva de la inmensa variedad de idiomas, dialectos, sonidos y fonemas que constituyen todas las formas de expresión verbal humana, nos aturde y nos deja sordos ante los propios sonidos que salen de nuestros labios. Cuando por fin llega (si es que llega) el momento en que nos damos cuenta de cómo suenan los sonidos que hacemos cuando hablamos es casi invariablemente cuando nos topamos con personas que hablan nuestro mismo idioma pero lo pronuncian diferente. Ese contraste al que nos enfrentamos al observar nuestras familiares palabras detalladas y sazonadas con distintos colores y sabores a los nuestros nos permite, por fin, descubrir y definir cómo nosotros mismos hablamos lo que hablamos. Y claro está que si no estamos conscientes de nuestra pronunciación es poco probable que logremos cambiarla o siquiera lleguemos a hacer el intento. Incluso cuando llegamos a estar conscientes de nuestra pronunciación (siempre en contraste a aquélla de los otros) a menudo nuestro instinto de preservación conspira con nuestro ego para asegurar la conservación de lo nuestro, sobre todo si pensamos que lo nuestro es superior. Por ello quizá sea raro ver que un venezolano costeño de la noche a la mañana deje de hablar como venezolano y comience a pronunciar minuciosamente todas las eses al final de las palabras plurales como haría un mexicano o un colombiano de montaña ("las costas": [las 'kostas], en vez de [lah 'kohtah], por ejemplo). O, raro también sería que un peruano o boliviano de un día para otro comenzara a pronunciar "gallo" como un mexicano norteño (['gajo])  o como un tico (['gaʝo]), en vez de ['gaλo], como buen héroe andino lleísta. Evidentemente la pronunciación de los fonemas en los idiomas sí cambia eventualmente, si no no hablarían distintos los españoles de los chilenos o de los ecuatorianos, pero este proceso tiende a ser paulatino e inconsciente.

No es de sorprenderse pues, que si bien la fonología de nuestra lengua invariablemente debe ceder y cambiar hasta que nuestro idioma se torne ininteligible a las generaciones que nos sucederán miles de años en el futuro, nosotros no fuimos capaces de cambiar nuestra pronunciación a propósito a fin de resolver el dilema del 2 y del 12. De nuevo, lo impresionante resta en que no haya sucedido el cambio por sí solo y sin que nos hayamos dado cuenta de ello...Mi sospecha es que si hubiera habido una necesidad crítica de diferenciar entre el 2 y el 12 en las sociedades que en quinientos años nos precedieron en América Latina, eventualmente o habría cambiado la pronunciación de uno de los dos números o algún otro mecanismo habría surgido para aclarar la confusión: podríamos haber modificado las palabras "dos" y "doce"; haber adoptado otra palabra existente (propia o prestada) para asumir el rol del 2 ó el 12; haber sustituido otras palabras para ello, en su defecto; o, incluso, podríamos haber inventado una palabra totalmente nueva. Pero nada de ello ocurrió...Nadie comenzó a decirle "dosu" al "dos" ni "dotsi" al "doce"; nadie las sustituyó por "two" o "twelve"; nadie comenzó a decir "madre" en vez de "dos" o "niño" en vez de doce; y nadie se inventó y luego generalizó la palabra "diecidós".

A primera vista, ninguno de estos procesos parece ser viables o natural, pero cuando analizamos el idioma que utilizamos hoy en día, nos damos cuenta de que esas modificaciones, adopciones, sustituciones e invenciones son muy comunes en nuestra habla. Hoy en día, en América Latina, a pesar de contar con la fabulosa e infalible Real Academia Española y sus hijas que nos vigilan desde nuestros propios países, usamos miles de palabras que no son propias, originales o nuestras, algunas modificadas, unas adoptadas y otras inventadas. Por ejemplo, en vez de decir "por favor", "computador" o "refrigerador", a menudo decimos en la lengua hablada "porfa", "compu" y "refri"; en vez de despedirnos diciéndonos "adiós" o "hasta luego", muchas veces decimos "bye" y otros "ciao". Asimismo, todos los días usamos "Kleenex" para limpiarnos la nariz sin pensar en lo extraño que es esa palabra en cualquier idioma, expresamos lo "chido", "chévere", "chulo" o "chiva" que algo es, pedimos que nos den un "chance", frenamos las "brecas" de nuestro carro y exigimos "accountability" de nuestros gobiernos. Todos los días jugamos "básquetbol" en vez de "baloncesto", comemos "sandwiches" o "sánduches" o "choripán" en vez de "emparedados" y, mientras algunos visitámos las ciénagas al lado del mar, otros nos acordamos de las "ciénegas" frente el río. Así, a través del tiempo y apesar de la resistencia de la Real Academia, la manera en que nos comunicamos, las palabras que usamos y las frases que dan vida a nuestros pensamientos evolucionan mediante modificaciones, adopciones, invenciones y muchos otros procesos, siempre éstos impulsados por las necesidades cambiantes de nuestro entorno y casi siempre de manera paulatina e inconsciente.

Y mientras nuestra lengua sigue cambiando inexorablemente cada día, después de medio milenio, el 2 y el 12 nos siguen confundiendo. Sus nombres nunca cambiaron, ni la manera en que nos referimos a los conceptos numéricos que representan fue modificada, porque quizá nunca surgió una cultura tan adscrita al tiempo y a sus horarios en nuestra civilización latinoamericana que se llegara a convertir en necesidad crítica el desenredar los dos numerales, íntimamente relacionados, de la maraña en que terminaron enredándose en el Nuevo Mundo. Otros cambios sí acontecieron: por ejemplo, mientras que en España "cocer" y "coser" suenan perfectamente distintos, en América Latina son homófonos perfectos. Pero dado que el acto de cocer (y posiblemente también coser) representaba una actividad crítica en la sociedad latinoamericana (al igual que en cualquier otra civilización humana), en América Latina se comenzó a emplear la palabra "cocinar" con mayor frecuencia que cocer, ya que ésta primera no se confunde con coser. De nuevo, la imperativa de comer exigió que se distinguiera entre "cocer" y "coser" y este proceso se llevó a cabo sin que nadie, más que los lingüistas modernos, se percataran.

Hoy en día, si bien nadie va a morir por haber confundido las 12:00 con las 2:00 (aunque no deberíamos descartar la posibilidad...), sí existen muchas ocasiones que nos exigen llegar a algún lugar, participar en algo, evidenciar algo o hacer algo a las 12:00 y no a las 2:00, o vice versa. En la sociedad Latinoamericana moderna sí es clave poder distinguir entre 12:00 y 2:00. Claro está que siempre tenemos la opción de hacer una serie de preguntas para aclarar si se trata de mediodía (o medianoche) o de dos horas después, ¿pero acaso hay alguien a quien no le moleste tener que someterse a la ardua tarea de extraer de la otra persona, igualmente ansiosa de terminar la conversación, la verdadera esencia del horario en que se agendó tal cosa u otra? A mí, personalmente, sí me mortifica. Por ello, considero que de carácter urgente debemos abordar el tema y de una vez por todas debemos establecer un sistema que claramente distinga entre el 2 y el 12 para que nunca jamás en nuestro continente se confunda nadie más respecto a estos dos importantes numerales.

Ya hemos visto que el cambio de pronunciación es algo poco viable, sobre todo cuando se trata de un proceso deliberado. Por ello descarto la posibilidad de cambiar la pronunciación de "dos" o "doce". Por otro lado, aunque podríamos adoptar vocablos de otras lenguas para sustituir al menos uno de esos dos números, ¿quién podrá decirme que podría vivir una vida plena y digna expresando frases como "nos vemos a las tuelf de la tarde"? ¡Más bien creo que nuestros antepasados se retorcerían en sus tumbas al ver lo bajo que han caído sus descendientes! Tampoco considero viable sustituir otra palabra de la lengua castellana por un número: si, por ejemplo, decidiéramos que vamos a usar la palabra "huracán" en vez de "doce", ustedes me dirán si sería conveniente este uso cuando en el Océano Atlántico se observen "huracán huracanes"...Naturalmente, la única opción que tenemos para resolver nuestro problema es mediante la invención de una palabra nueva, única y, de preferencia, que surja de nuestros propios vocablos, de la esencia de lo que somos y que nos sea intuitiva a todos los hispanoamericanos. Por ello, me atrevo a nominar a la palabra "diecidós" como el nuevo sustituto de la palabra "doce". Diecidós tiene todo lo que podríamos esperar del nombre de un número en castellano: es una palabra totalmente única, inconfundible, pronunciable, sus raíces vienen de los mismos números que componen el dígrafo numérico que representa y, de pilón (añadidura), el diecidós es un reflejo del patrón que exhiben los nombres de los números que van del 16 al 19. Por ello, de ahora en adelante jamás diré "doce" sino "diecidós" e invito a todos mis comparlantes (o conhablantes) a hacer lo mismo.

De igual manera, propongo que se establezca la palabra "diecitrés" en vez de "trece", que también se llega a confundir con su hermano menor, "tres", en conversación casual. Las palabras "once", "catorce" y "quince" son suficientemente distintas a los numerales que se obtienen al restarles diez unidades, por lo que no es urgente cambiarles de apellido. No obstante, también deberían ser nombres alternos aceptados para esos tres números el "dieciuno", el "diecicuatro" y el "diecicinco".

Y así, aunque nos duela en el alma tener que partir con números que han significado tanto en nuestras vidas, el momento llegó de decirles adiós a esos nombres anticuados que heredamos de otras eras con distintas prioridades, de agradecerles por todo lo que nos dieron, incluso la confusión que nos causaron, y abrazar un nuevo futuro en la numeración hispana.

Espero les convenza y les inspire a realmente comenzar a usar estos nuevos vocablos, si no por el avance de nuestra creciente civilización latinoamericana (cuyo futuro claramente depende exclusivamente de esta elección de dicción), por lo menos para evitar llegar dos horas antes (o después) a comer.

Sunday, September 16, 2012

A México, en un día muy especial [16 de septiembre, 2012: Día de la independencia de México]


En la oscuridad salvaje de un Mundo Nuevo, una ciudad brillante de pirámides y templos se erguía por encima de un gran lago, fiel reflejo de la Luna. Esta rebosante urbe, que surgió de la visión de un águila devorando a una serpiente, después llegaría a convertirse en la ciudad más poblada de las Américas, la capital más rica del Imperio Español y la sede de gloria y prosperidad de una nación emergente: México, tierra de orígenes.

La tierra privilegiada hoy conocida como México dio origen a dos de las más grandiosas y avanzadas civilizaciones en el Nuevo Mundo, al descubrimiento de la agricultura en las Américas, al único sistema formal de escritura desarrollado por las culturas autóctonas del Hemisferio Occidental, al descubrimiento independiente del concepto del cero y de la rueda y a los más avanzados matemáticos y astrónomos amerindios, verdaderamente dignos observadores del firmamento y sus cuerpos celestiales…México también daría a luz a un sinnúmero de mitologías, religiones, lenguas y tradiciones y a una de las más amadas gastronomías del planeta, basada en su maíz, los chiles y frutas, vegetales y legumbres endémicos de sus valles y bosques.

Conforme las viejas y nuevas civilizaciones cruzaron caminos en sus valles fértiles y sus montañas, México – el orgulloso hogar del mariachi, de cactos mil, el tequila y el mezcal y proponente incesante del sombrero charro y el sarape – también dio vida a una nueva nación híbrida: un pueblo de ascendencia mixta, la unión de dos culturas y dos continentes que hoy representa al pueblo mexicano.

El pasado mexicano reverbera su esplendor y sus logros y permanece como testamento de la buena fortuna, de la máxima manifestación de la belleza y la verdad, de la cultura y del carácter resistente y perseverante de su gente.

Y la riqueza de México aún se percibe a través de los colores de su gente sonriente, sus hogares y sus vestimentas; los sonidos melódicos de sus ciudades, la música en su corazón y los sabores y aromas de sus manjares y su naturaleza. La belleza del alma de México todavía se observa en sus lenguas diversas y los hermosos pueblos pintorescos en sus valles centrales…en el espíritu sin límites que los artistas mexicanos exudan en sus sobras, en el riquísimo ambiente cultural y creativo que contagia todos los aspectos de nuestras vidas…en las playas mágicas que adornan nuestras costas. México hoy sigue siendo un país maravilloso; México permanece espléndido y lleno de vida…

Hoy, nuestro México se encuentra en una coyuntura crítica, en la cual se definirá el futuro de sus hijos. La pesadilla que surge de los vestigios de violencia, impunidad y explotación que hemos heredado sigue con nosotros hoy también. La desigualdad, la corrupción y la falta de acceso a oportunidades representan lastres para nuestra sociedad y su desarrollo. Pero estos obstáculos no resistirán la presión de nuestro destino. La cara oscura de nuestro pueblo no nos definirá, no representará jamás quienes somos de verdad. El carácter verdadero de México radica en su belleza, su imponente cultura, la calidez y el carácter amoroso y acogedor de su gente, la magia y la admiración que invariablemente provocan sus tesoros. ¡Ése es el México de verdad! Seguimos siendo un pueblo al que le falta mucho por hacer y por crecer, pero también somos un pueblo que despierta, que recién comienza a percatarse de su propio valor y su infinito potencial, de lo mucho que realmente ha logrado desde su incepción.

Debemos creer en un México próspero, un México seguro de sí mismo, de su propio valor…un país vibrante y capaz de ofrecer a todos sus hijos la vida digna que merecen, en su propia tierra y bajo la consigna de alegría y calidez que caracteriza nuestro pueblo. Somos un país hermoso, un país que goza, un país que despierta, que vuelve a nacer y que se reanima como la fuerza incontenible de una nación destinada a florecer.

Es tiempo de reflexionar sobre quiénes somos y quiénes queremos ser…de reforzar los valores que queremos que definan nuestro futuro y de sembrar las semillas para el cumplimiento de nuestro destino: una sociedad próspera, equitativa y segura para todos…un mejor país para cada uno de los hijos de esa tierra mítica llamada México, tierra de orígenes, hija privilegiada de la Luna y el Sol.

Tu corazón de basalto pulsa, México…por tus venas fluye sangre de volcán…¡México, eres un GIGANTE!

¡QUE VIVA MÉXICO POR SIEMPRE!

Sunday, August 28, 2011

Una propuesta ortografika para una Real Akademia Espanyola kon kohones (Una propuesta ortográfica para una Real Academia Española con cojones)


Diseño original de Erika Kulpa (2011) 
Acaba de llegar a México la nueva Ortografía de la lengua española de la Real Academia que se aprobó por las 22 academias nacionales a finales del año pasado. En ella se encuentran emocionantes e importantísimos cambios como la eliminación de la tilde en pronombres demostrativos (ej. "este" o "aquella"), en el adverbio "solo" y en la conjunción disyuntiva "o" ubicada entre números. Por otro lado, también se estandarizan (aunque de manera opcional) los nombres de algunas letras: la i griega se llamará ye, será zeta y no ceta, be y uve en vez de be grande y ve chica y c hache en lugar de che, que por cierto -al igual que la elle- deja de ser una de las 27 letras oficiales del idioma. El objetivo de todo esto: simplificar la ortografía de nuestro idioma. Todas estas medidas, que sin duda son imprescindibles (realmente no sé cómo podíamos comunicarnos antes sin ellas...) y que con toda seguridad culminarán en cambios sociales y culturales radicales, no obstante me parecen algo tibias. ¿Por qué conformarse con esos cambios insuficientes cuándo se pueden implementar muchísimos más para acelerar este proceso de transformación a fondo? «¿Cómo cuáles?», ustedes se preguntarán...Ah, bueno, pues aquí les van algunas recomendaciones:

Para comenzar, debemos admitir que hay ciertas letras y dígrafos en el idioma que sí son necesarios e insustituibles, por lo que NO se deberán alterar. Entre ellos están las letras "A", "D", "E", "F", "K", "L", "M", "N", "O", "P", "R", "RR", "S" y "T". En cuanto a las demás letras, creo que no exagero al sugerir que son un caos total...Con relación a la "B" y la "V", ya dejémonos de hacernos los locos, todos sabemos que en realidad representan los mismos sonidos y con frecuencia existe confusión sobre cuál de las dos letras usar: "baya" y "vaya" se pronuncian exactamente igual; asimismo "sabia" y "savia" son pronunciadas de manera idéntica. No necesitamos dos letras para representar el mismo sonido, por lo que eliminaremos la "V", que de las dos es la más desagradable...¿O no?

Ahora, la letra "C" es todo un complique. A beces la pronunciamos como "S" (y en España como el sonido |θ|), a beces como "K" e incluso cuando la combinamos con su prima muda "H" creamos un sonido totalmente distinto: "CH". Seguro la Real Academia Española se habrá percatado de que la "C" causa demasiada confusión como para seguir siendo útil. Por consiguiente será necesario que eliminemos la "C" y la cambiemos por "S" y por "K" según sea el caso, o mejor dicho kaso. En kuanto a la pronunsiasión ibérika de la "C" suabe (que predomina en apenas el 13.4% de los hispanohablantes), les daremos sólo una opsión: ¡kambien su pronunsiasión y aseméjenla a la amerikana! No toleraremos más la utilizasión del disgustante "ceceo". De hecho, la letra "Z" -que es igual de inútil que la "C" en nuestro idioma y que en la Madre Patria también suena horrible- de igual manera será sustituida en todos los kasos por la "S". Por lo tanto, "casa" se konbertirá en "kasa" y "circo" en "sirko", para todos, tanto en Amérika komo en España. Ah, que no se me baya olbidar: el sonido representado por el dígrafo "CH" deberá ser sustituido por el dígrafo "TX" ya que la "C" dejará de existir en su totalidad. Por otro lado, la "X" que ahora asumirá el sonido de "SH" (komo en "Shakira" o en las mutxas otras palabras prestadas por el kastellano) dejará a un lado la igualmente osiosa pronunsiasión "KS", la kual será representada presisamente por esas dos letras, mientras que al anteponerle una "T" a la "X" registraremos la ekspresión del sonido "CH": así el "Chavo del Ocho" dará paso al "Txabo del Otxo." Ya se está paresiendo un poko al basko, ¿no?

Bien. Kontinuemos. La letra "G", por su parte, será utilisada sólo a fin de representar el sonido duro de la "G", komo en la palabra "gato" y nunka komo en la palabra "geranios". Este segundo sonido, la "G" suabe será representado únika y eksklusibamente por la letra "H", la kual asumirá -¡por fin!- su debido rol komo la representasión del fonema frikatibo glotal sordo, komo lo hase en todas las lenguas modernas, kon la desafortunada eksepsión de las lenguas romanses que se empeñan por mantenerla aun kuando es totalmente inkonsekuente...En lo que konsierne la "H" muda, a pesar de konstituir la primera letra de mi nombre y que por ello de alguna manera me haya enkariñado con semejante letra un tanto obsoleta, konsidero que la Real Akademia debería eliminarla del todo, a benefisio de los miles de ekstranjeros y niños a quienes por falta de familiarisasión kon sus tretas esa letra muda a trastornado por dékadas.

La letra "I" serbirá komo bokal y konsonante, por lo que reemplasará del todo la ya ineksistente letra "LL", la "Y" y el dígrafo "HI": "llama" debendrá "iama" i "hielo" se conbertirá en "ielo" (nótese ke kon este kambio el ielo no se derrite...). Komo podrán obserbar estos kambios dan prioridad al iamado "yeísmo", puesto que éste representa la pronunsiasión komún de la maioría de los ispanos. I al que no le guste o le pareska raro, ¡que se friege!

Por otro lado, la letra "J" será eliminada en su totalidad por dos motibos: (1) la nueba "H" bokalisada subsume kompletamente las funsiones de la "J" i (2) la "J" es posiblemente la letra más fea del alfabeto romano moderno, i ni ablar de su dudosa prosedensia...¡Guákala! Por sierto, desagámonos ofisialmente de los signos de eksklamasión e interrogasión en ambos ekstremos, que realmente nadie los aplika. Guákala!  

Desafortunadamente, la letra "Ñ", letra española por ekselensia, también deberá ser suprimida, ia que debido a la ausensia de la tekla "Ñ" en la maioría de los teklados del mundo es un fastidio eskribir "Ñ" en el komputador (de etxo a mí no me alkansó para komprarme un teklado kasteiano...). Es más, por desesperasión a beses la hente rekurre a eskribir "NN" o "NY" kuando no enkuentra kómo eskribir la "Ñ". Terrible, lo sé! De estas dos propuestas la segunda me parese la más estétikamente biable. Obio. Por esto i komo hesto de fraternidad kon nuestros ermanos katalanes, se deberá sustituir toda "Ñ" por "NY". Ablando de "NN", esta konstruksión también se deberá eliminar del espanyol al igual que las otras pokas letras dobles que ai en nuestra lengua (kon la eksepsión del dígrafo "RR"), por lo que la "innovación" será de aora en adelante "inobasión". Qué fásil, no?

Bueno, asta aora bamos mui bien. Kreo que kon estas rekomendasiones la Real Akademia aría mil marabiias, además de lograr transformar nuestro idioma en la lengua más fonétikamente fiel i predesible del planeta. El analfabetismo sin duda se eliminaría de la notxe a la manyana i de repente la edukasión en Amérika Latina -i asta en España- daría un salto kuántiko sin presedentes. Tan fásil que pueden iegar a ser las mehoras en las polítikas públikas! En bano nos komplikamos la bida, berdad? No obstante estos trasendentes abanses aún persisten algunas lagunas importantes que debemos abordar. Entre eias está la utilisasión de la letra más bil de todas, la más inoperante i detestable de toda letra konsebida, la inbensión lingüístika más ruin: la "Q". Qué fea es la "Q"! Asimétrika, kamina torpemente entre las orasiones kon su muleta txueka, siempre dependiente de la elegante aunque también problemátika "U". A la "Q" la aborresko komo a pokas kosas en la bida. La Real Akademia deberá abrir los ohos de inmediato; elimínenla kuanto antes i sustitúianla por la "K". La "Q" nunka funhe komo ningún otro sonido más ke el de la "K", por lo ke no deberá hamás ser utilisada en nuestra presiosa lengua. Por sierto, akabo de perkatarme de ke usé la diéresis sobre la "U" en la palabra "lingüístika". Konsidero ke al igual ke se iso ase poko kon el portugés deberíamos eliminarla, ia ke el dígrafo "GU" ke aktuaba komo representasión del sonido duro de la "G" ia fue debidamente suprimido: pinguino i linguístika aora ia se entienden perfektamente sin su crema del alma.

Para konkluir estas suherensias es nesesario ablar sobre un tema relebante, aunke un poko komplikado. La "U" i la "W", komo sus nombres lo suhieren, están íntimamente relasionadas, pues representan el mismo sonido, sólo ke la primera es bokal i la segunda semibokal. Al igual ke en el kaso de la "I", ke impusimos komo bokal frontal, serrada i no redondeada i komo semibokal aproksimante palatal, la "U" desempenyará dos funsiones, komo bokal dorsal, serrada i redondeada i komo semibokal aproksimante labiobelar. Así, nombres i palabras komo "Washington", "Huevo" i "Chihuahua" debendrán "Uaxington", "Uebo" i "Txiuaua" (o "Xiuaua" para los ke somos de esa beia tierra nortenya).

Ké aser kon las tildes ke koronan tantas palabras en nuestro idioma? Sensiio, sólo utilisémoslas kuando realmente sea nesesario, es desir, kuando su ausensia ponga en riesgo la intelihibilidad. Más simple, no se puede.

Ai lo tienen, akademikos ilustres de las beintidos akademias iberoamerikanas. Ia les ise su trabaho por los proksimos kinientos anyos. Se pueden etxar a dormir en sus laureles mientras nosotros kon gusto ponemos en praktika las nuebas reglas ke sin duda simplifikarán i mehorarán nuestras bidas kotidianas i ke, en ultimas, koniebarán al desarroio kontinuo, sustentable i permanente de todos los paises del mundo ispano, desde Tihuana asta Uxuaia i de Barselona asta la Abana.

Wednesday, August 3, 2011

La tiranía del automóvil en América Latina y qué hacer al respecto

En un mundo donde los ingresos y las condiciones de vida en América Latina siguen mejorando, los automóviles han llegado a dominar el entorno urbano en países como México, Colombia y Brasil. Tanto es así que conforme ha crecido el número de carros en ciudades como la Ciudad de México y Bogotá a los peatones se les ha relegado al nivel más bajo de prioridad vial. La cultura automovilística que predomina en las ciudades latinoamericanas hoy en día simplemente no valora a los peatones; más bien los ve como un estorbo poco merecedor de respeto, mucho menos merecedor del derecho de paso. Los peatones latinoamericanos de hoy, por lo tanto, no sólo carecen de políticas aplicables y recursos, sino también de la confianza y la autoridad social para exigir prioridad a los automóviles con los que comparten las calles, mismos que con frecuencia atentan contra la integridad física de los peatones.

En las ciudades latinoamericanas -grandes, medianas y pequeñas-, los automóviles se estacionan en vías peatonales, se paran sobre las cebras de los cruces y cuando los peatones intentan cruzar las intersecciones sin semáforo -en vez de ceder el paso a los peatones- los automovilistas aceleran sus coches para imponer su prioridad vial. Asimismo, en intersecciones que no son lo suficientemente grandes como para ameritar un semáforo pero que al ser altamente transitadas dificultan el cruce de los peatones, éstos deben esperar varios minutos hasta que el flujo de tráfico se despeje por completo para poder cruzar.

En lo que concierne a las leyes, en zonas metropolitanas como la Ciudad de México la prioridad vial la tienen los peatones. No obstante, los automovilistas en esa ciudad no se toman la molestia de respetar leyes que no se aplican, mientras que los peatones -de quienes me atrevería a decir que en su mayoría ni siquiera están conscientes de tener el derecho de paso- carecen la confianza y seguridad para exigir prioridad en las calles de la ciudad. Como lo resume claramente Rodrigo Díaz, bloguero chileno que habita en la Ciudad de México: “Tímidos en las esquinas, [los peatones] corren para cruzar la calle como pidiendo perdón, deshaciéndose en disculpas y reverencias por haber osado interrumpir el paso de los señores automovilistas”. Sin duda, el hecho de que los peatones, en promedio, pertenezcan a estratos socioeconómicos más bajos que los automovilistas, contribuye a su intimidación mediante el desarrollo de un complejo de inferioridad. De hecho, es incontrovertible que la mayoría de los peatones defeños lo son no por elección sino por falta de opciones; casi todos aspiran a algún día adquirir un vehículo propio...Y en realidad no los culpo, en vista de las condiciones del transporte público y de los peatones en esa gran ciudad.

La situación empeora cada día conforme más latinoamericanos adquieren la posibilidad de comprar automóvil y mientras sus ciudades -con diseño y administración urbana muchas veces cuestionables- continúan dando prioridad a la clase creciente de automovilistas: se construyen más y más autopistas transversales, periféricas y de doble piso y estacionamientos e infraestructura para automóviles por doquier. Sin duda existen algunos elementos de planeación urbana que han mejorado la calidad de vida de todos en las ciudades de Latinoamérica y se ven también esfuerzos por mejorar el transporte público y el transporte no-motorizado: las vías peatonales del centro de la Ciudad de México, su programa Ecobici de bicicletas compartidas y ciclovías a lo largo del Paseo de la Reforma, en Coyoacán y otras zonas; la Zona T y las extensas ciclorrutas de Bogotá y los sistemas de autobús de tránsito rápido (BRT, por sus siglas en inglés) como lo son el Metrobús chilango y el TransMilenio cachaco, entre muchos otros en la región. No obstante estos avances, la infraestructura y las políticas en las ciudades latinoamericanas siguen siendo insuficientes ante la necesidad de crear ciudades más amigables para los peatones, quienes por cierto representan no sólo a las personas que principalmente caminan al trabajo o la escuela, sino también a todos los que caminan al Metro, a las paradas de autobuses e incluso a sus coches que yacen es estacionamientos lejanos.

¿Qué necesitamos?

Lo que se requiere urgentemente en las ciudades de América Latina es:

(1) El desarrollo de una cultura cívica que, al hacer hincapié en la seguridad vial, respete a los peatones y reconozca su prioridad y derecho de paso (el cual se fundamenta en el mayor nivel de exposición a accidentes e inclemencias del clima que experimentan los peatones) y que también reconozca la obligación del peatón de respetar las leyes de tránsito;

(2) Un proyecto de ley que claramente reconozca, establezca y haga cumplir los derechos del peatón, en particular su derecho de paso en intersecciones sin semáforo; que penalice con multa o suspensión de licencia (en caso de reincidencia) a conductores que no cedan el paso a peatones con derecho de paso; e incorpore dentro del proceso de tramitación de la licencia de conducir un módulo de concientización para los conductores sobre los “Derechos del peatón y la seguridad vial”.

¿Qué se está haciendo ya y qué debemos seguir haciendo para avanzar estas políticas?

En el fondo, la condición necesaria para que estos avances se conviertan en una realidad es una mejora significativa en la percepción del peatón en América Latina, tanto la que ellos tienen de sí mismos como la que poseen los demás. Esto lo podremos hacer mediante el esclarecimiento de los beneficios para la salud y el medio ambiente que surgen de caminar en vez de utilizar transporte motorizado y también al concientizar a los peatones y a los automovilistas sobre los derechos del peatón. A través de estos esfuerzos lograremos empoderar a los peatones al darles razones de sentirse orgullosos de serlo y herramientas que los motiven a que exijan sus derechos. Por otro lado, al mejorar la percepción del peatón también fomentaremos una transición de modo de transporte, incluso entre las clases socioeconómicas más elevadas, tal como se observa en zonas más amigables para el peatón como La Condesa y La Roma en el D.F. o La Cabrera y Zona Rosa de Bogotá.

Una acontecimiento fascinante en Guadalajara y la Ciudad de México que ha brindado esperanza a miles de peatones mexicanos es el desarrollo de proyectos como #wikiciudad, #wikimulta (donde los ciudadanos imprimen y reparten multas a automovilistas infractores) y #wikibanqueta, a través de los cuales los ciudadanos de estas ciudades decidieron crear, por sí mismos, la infraestructura requerida por los peatones y ciclistas que sus gobiernos estuvieron indispuestos a proveer. En la Ciudad de México, un grupo principalmente de jóvenes profesionales y estudiantes de la era del Internet, bajo el nombre de "Camina, Haz Ciudad", pintó una acera y cruces peatonales a lo largo de un puente en Santa Fe, comunidad “ultramoderna” que a pesar de ello ignora por completo las necesidades del peatón. Más iniciativas de este tipo están surgiendo a lo largo y ancho del país, lo cual representa un bienvenido primer paso para el desarrollo de una cultura cívica que valore y proteja a los peatones.

Otras ideas que podrían contribuir a estos esfuerzos son:

- Apps de seguridad vial: el desarrollo de apps para dispositivos móviles que permitan a los peatones filmar o fotografiar a infractores y denunciarlos, al igual que reportar intersecciones peligrosas en estas ciudades

- Tarjetas ciudadanas: tarjetas ciudadanas a la Mockus que permitan mostrar a infractores la desaprobación de los ciudadanos

- Campañas de concientización social: campañas que utilicen Twitter, Facebook, YouTube y otras redes sociales y medios tradicionales para concientizar a la población sobre la seguridad vial y los derechos del peatón

- Recuperación de intersecciones críticas: solución integral ciudadana para la recuperación de intersecciones específicas - ej. proyectos #wikiciudad o la lotería de cámara de velocidad

- Memes: de manera SEGURA, exigir a los automóviles el derecho de paso en las intersecciones, tomar foto de ello y difundirlo a través de las redes sociales. Si el “planking” y el “owling” se convirtieron en tendencias virales, ¿por qué el “carstalling (estanca-carros)” no?

¿Qué otras ideas tienes tú para promover una cultura de respeto para el peatón y de seguridad vial en América Latina?

Car Tyranny in Latin America and What to Do about It

In today’s world of rising incomes and improving conditions for millions of Latin Americans, cars—the quintessential modern symbol of social advancement—have come to dominate the urban landscape in countries like Mexico, Colombia and Brazil. Such has been the rise in their importance that as their numbers have grown, Latin American pedestrians have been unforgivingly relegated to the lowest level of priority on the roads. The automobile culture that has grown in Latin American cities simply does not value pedestrians; rather, it treats them as an encumbrance, an urban nuisance not worthy of respect, much less of the right of way. Latin American pedestrians today thus lack not only the enforceable rights and the resources, but also the confidence and the social authority to stand up to the automobiles that often threaten their physical integrity and with which they must inevitably share the streets.

Cars in Latin American cities—large, medium and small—park on pedestrian pathways, stop on crosswalks and, worst of all, when pedestrians attempt to cross a street without a traffic light, instead of yielding to them, drivers speed up so as to impose their priority on the roads. Further, in intersections that are not large enough to merit a street light, but that are large enough to cause difficulties for pedestrians, pedestrians must often wait several minutes until the flow of traffic clears completely before they can cross.

As far as the laws are concerned, in places like Mexico City, pedestrians have the right of way, but car drivers do not care to respect laws that are not enforced and pedestrians—most of which might not even know they have the right of way—lack the confidence to demand priority on the roads. As Rodrigo Díaz, a Chilean blogger that lives in Mexico City, puts it: “[Pedestrians in Mexico City] wait timidly on street corners, run to cross the streets as if asking for forgiveness, breaking apart into apologies and bows for having dared interrupt the passing of the Automobile Lords”. In large part, the intimidation and insecurity experienced by pedestrians in Mexico City stems from the fact that, on average, pedestrians belong to lower socioeconomic strata than those who drive cars. In a society like Mexicoor in any other in Latin America for that matter—belonging to these lower-income groups oftentimes leads to a complex of inferiority that ultimately affects the perception of one's rights...It is no secret that in Mexico City most pedestrians walk out of necessity rather than by choice and that they wholeheartedly aspire to owning a car one day; understandably so, given the condition of public transit and pedestrians in that otherwise magnificent city.

The situation worsens every day as more and more Latin Americans find themselves in a position to purchase a car and cities with poor urban design and management prioritize the growing class of car owners and create ever more transversal, peripheral and “two-story highways” and parking lots. There are, to be sure, some signs of urban enlightenment in Latin America and efforts to promote improved public transit and non-motorized transportation: the pedestrian thoroughfares in downtown Mexico City, its Ecobici bike-share program and bike lanes along Paseo de la Reforma and in Coyoacán, the Zona T and countless miles of bike paths in Bogotá and the Bus Rapid Transit systems in both of these cities and many others in the region. But this is not enough to make cities friendlier for pedestrians, who by the way represent not just those who primarily walk to work or school, but also those who walk to the metro, walk to catch the bus or walk to their cars in faraway parking lots.

What We Need...

What we urgently need in Latin American cities is:

(1) The development of a civic culture that, while placing priority on road safety, respects pedestrians and acknowledges their priority and right of way (due to their higher risk of exposure to harm and to inclement weather) as well as their obligations in cases when they do not have the right of way;

(2) Regulations that clearly recognize, establish and enforce the rights of pedestrians, particularly their right of way in intersections without a traffic light; that establish fines for perpetrators (or suspend the licenses of multiple offenders); and incorporate a “Pedestrian and Road Safety” awareness module for drivers requesting a license.

What Is Being Done and What We Should Continue to Do to Obtain These Policies

Ultimately, a prerequisite for these developments is an improvement in the perception of pedestrians in Latin American cities, both on the part of pedestrians themselves and of non-pedestrians. We can accomplish this through a socialization of the benefits (for health and the environment) that arise from walking rather than using motorized transport and through efforts that create awareness of the rights of pedestrians. By giving pedestrians greater information regarding their rights and reasons to feel proud of themselves we will be able to empower pedestrians in Latin America and motivate them to demand their rights. Similarly, by improving the perception of pedestrians we can encourage a transition out of cars, even within the higher socioeconomic classes in Latin America, as is the case in more pedestrian-friendly neighborhoods like La Condesa and La Roma in Mexico City or La Cabrera and Zona Rosa in Bogota.

One amazing citizen initiative in Guadalajara and Mexico City that has brought hope to the hearts of thousands of Mexican pedestrians is the development of the #wikiciudad, the #wikimulta (fines that citizens print out and place on cars that commit infractions) and the #wikibanqueta projects. In all of these projects citizens decided to create with their own hands the infrastructure that is required for pedestrians and cyclists that their cities are nonetheless unwilling to provide. In Mexico City, for example, a group of mostly young, Internet-age professionals and students called "Camina, Haz Ciudad" decided to paint a sidewalk and crosswalks along a transited highway in Santa Fe, an ultramodern and yet notoriously unsafe neighborhood for pedestrians. Fortunately, more initiatives of this sort are springing up all over the country, a welcome first step in the development of a civic culture that values and protects pedestrians.

Some other ideas to contribute to these efforts are:

- Road safety apps: the development of mobile apps that allow pedestrians to film and denounce imprudent drivers or to report dangerous intersections in their cities

- Citizen cards: Mockus-style citizen cards to show disapproval to drivers who commit infractions

- Social awareness campaigns: campaigns that employ Twitter, Facebook, YouTube and other social networks and traditional media to promote pedestrian and road safety awareness

- Reclaiming of critical intersections: integral citizen-based solutions to reclaim critical intersections: e.g. #wikiciudad projects or speed camera lotteries

- Memes: SAFELY demanding the right of way in intersections, taking a picture of it and making it a trend on social networks. If “planking” and “owling” became a thing, why can’t “carstalling” become a trend, too?

What other ideas do you have to promote a culture of respect for pedestrians and road safety in Latin America?

Tuesday, June 21, 2011

Mexico, present and future

In his new book concerning the Mexican national character, Mañana Forever?: Mexico and the Mexicans, Jorge Castañeda—one of Mexico's most prominent intellectuals—provides a catalogue of the cultural problems that are holding our country back. In his list of flaws that afflict Mexican society he includes extreme individualism, aversion to conflict and competition, xenophobia and the utter disregard for the law. According to Castañeda, in order for Mexico to move along the path towards development and prosperity it must first shed away these bad habits, which it has acquired along the lengthy course of its history.

Castañeda is absolutely right on several accounts. It is true that, in general, the average Mexican today is individualistic, mistrusting and does not easily lend himself to cooperating with others. It is also true that Mexicans today, generally speaking, would rather repress their anger than confront their adversaries in an effort to resolve their differences and move on. It’s also true that some Mexicans wouldn’t hesitate to blame the Gringos for all of our collective problems and let’s not even get started on the absence of competition in Mexico (although this seems to be gradually changing at the moment) or the neglect and abuse of laws, which is still common to this day. All of these problems, without a doubt, deserve attention and they require solutions. That said, it should be noted that despite the fact that many Mexicans do possess some, if not all, of these negative traits, the Mexico of today is already moving in the right direction.

Mexico is a country full of young, dynamic individuals who are eager for chance at a better future and we are willing to work hard for it, we are willing to change for it. This growing attitude, which has arisen as a result of the greater social openness and flexibility the newer generations of Mexicans exhibit today, is a manifestation of a great collective awakening that young Mexicans—especially those that belong to the middle class majority—are experiencing today. We have developed a different set of values than those of our parents and grandparents and we are maturing; we are becoming the adults.

Every day there are more and more young Mexicans who realize that it is not necessary to trample over our fellow countrymen in order to succeed in life; there are more of us every day who believe that we gain more by cooperating with others than by going it alone. We, the youth of Mexico—perhaps as a result of the privileges we have experienced, which have been far greater than those of past generations—today demand greater economic, political and social participation without fear or restraint. There are many of us today who realize that we are indeed the architects of our own lives and we no longer feel the need to blame our misfortunes on our history, on our God or on foreigners. With every day, there are more of us who refuse to partake in the culture of corruption, illegality and chaos. We, the Mexican youth, have been more heavily exposed to the rest of the world than our forbears and this has allowed us to look at ourselves in the mirror and reflect on what we must improve about ourselves. And yet, we have also learned to value and love what is ours and to preserve our rich and unique culture, all without having to accept the negative elements of our past: the culture of mistrust, envy, insecurities and inhibitions.

It is true that our project for a new nation remains incomplete and that we must work arduously in order to complete it. But, with every single day the number of Mexicans that opt for a positive and progressive vision of our society grows larger. We, the generation of “yes”, will build the future of Mexico upon the good foundations our progenitors have bequeathed us. We still need to learn to channel our creativity, our curiosity and restlessness, but this process is already well on its way. 

We welcome Casteñeda’s efforts to create awareness in our nation; this will assist us in our development as individuals and as a nation. However, to help us along this process, we need more than just a sermon. Castañeda omitted in his work another common cultural defect of the traditional Mexican character: all too quick to criticize without offering any encouragement, advice or solution. What we, the youth of Mexico, need more than anything in this period of transition is a society that cheers us on, a community that celebrates our triumphs and that foments within every one of us a greater degree of security and self-esteem. We need people who care about us enough to correct us when we are wrong, but we also need people who love and believe in us so genuinely that they never hesitate to motivate us to dream big and without limitations.

In the last few years, many events—both good and bad—have materialized in Mexico, portending an era of great changes and progress to come: we may have many problems today, yes, but we also stand as a democracy that works better and better every day, an economy that grows faster and more solidly every year and a society that with the passing of time demands more and more from itself. This is our Mexico; this is our future and no past—however immense, dire or wounding—will stop us from achieving our destiny.